viernes, 15 de noviembre de 2013

El gran año de Luis Goytisolo

El pájaro solitario escribió una obra excepcional en los márgenes del canon de la literatura española. Voló alto a través de su singular perfección con el lenguaje, sin dejarse llevar por los vientos pasajeros. Este podría ser bautizado el “año Luis Goytisolo”. El escritor ha obtenido ayer el Premio Nacional de las Letras 2013, dotado de 40 mil euros, que concede el Ministerio de Cultura, Educación y Deporte en reconocimiento a toda la obra literaria de un autor español. El jurado ponderó su obra narrativa, “siempre comprometida con la búsqueda de nuevos territorios literarios”. “Su magna tetralogía titulada Antagonía, reconocida internacionalmente, supone un hito en la reciente historia de la novela española al aunar historia, narración y reflexión literaria”, fundamentó el jurado. Goytisolo ganó en abril pasado el Premio Anagrama de Ensayo con Naturaleza de la novela, donde se interroga por los hacedores del género, pero también por las transformaciones y los desafíos que enfrenta desde la eclosión de la revolución digital.
La infancia de Goytisolo (Barcelona, 1935) estuvo marcada por la muerte de su madre durante un bombardeo en la Guerra Civil, justo el día en el que el escritor cumplía tres años. No guarda ningún recuerdo de ella, probablemente por “un mecanismo de defensa” que hizo que “un sentimiento de rechazo de la compasión ajena, casi de vergüenza, se impusiera al dolor” que aquella muerte le producía. Su primera novela, Las afueras (1958), fue premiada con el Biblioteca Breve. Las líneas maestras de su narrativa se gestaron en 1960, cuando estuvo encerrado en la prisión de Carabanchel (Madrid) por su militancia comunista. “Ser comunista era la mejor forma de combatir el franquismo”, dijo en alguna ocasión. “La cárcel representó una de las experiencias más importantes de mi vida, aunque también fue muy duro.”
En el prólogo de esta edición, el crítico Ignacio Echevarría afirma que “es una de las grandes novelas del último siglo; comparable en sus logros, y no sólo en su ambición, a títulos como Retrato del artista adolescente, de James Joyce, En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, o El hombre sin atributos, de Robert Musil”. “No son ejemplos tomados al azar, sino escogidos –entre otros posibles– en razón de los paralelismos que cabe establecer entre ellos y determinados aspectos de Antagonía. Esta es, en no escasa medida, una novela sobre la formación de un escritor; ofrece un cuadro muy revelador de toda una sociedad, observada con extraordinaria perspicacia crítica; y entraña una sutil teoría del conocimiento basada en las reminiscencias que en la conciencia del sujeto despiertan tanto el acto de escribir como el de leer.”
Mario Vargas Llosa, en un extenso artículo, señala que Antagonía “no cuenta una historia acabada, con principio y con fin, sino fragmentos dispersos y arbitrarios de muchas historias que no se integran anecdóticamente, pero a las que da coherencia y unidad la voz que narra, una voz compleja y plural, de larguísimas frases laberínticas y sometida a constantes mudas en las que, con frecuencia y sin ninguna prevención al lector, se traslada del narrador omnisciente e impersonal a un personaje, y luego a otro, y a otro, y súbitamente regresa al narrador, El Nobel peruano afirma que las mejores páginas del libro “son aquellas que describen la atmósfera claustral, castrada, asfixiante y enajenada de la dictadura, vivida desde la perspectiva de la clase media catalana, en la que crecen y van formándose Raúl Ferrer, sus amantes y sus amigos, sus actividades clandestinas en el Partido Comunista, su infecunda militancia, sus mitines universitarios, su paso por la cárcel, sus desencantos políticos, su lenta inmersión en el cinismo, el alcohol y el nihilismo, ese fracaso generacional que va volviéndolos a casi todos ellos mediocridades y caricaturas de lo que parecía que serían, de lo que hubieran querido ser”. A Goytisolo no le gusta que le digan que es “un escritor catalán”. Se considera “escritor barcelonés” porque nació en Barcelona. Es autor de las novelas Estatuas con palomas, Escalera hacia el cielo, Diario de 360, Oído atento a los pájaros y El lago en las pupilas, entre otros títulos. En más de una oportunidad ha reconocido que jamás estuvo en sus planes ser un novelista masivo. “Nunca he sido un best-seller. Yo escribo para mí mismo y para la gente a la que le gusta lo que yo escribo, que sé que existe, y esto en sí mismo ya es una satisfacción”, subrayó el escritor horas después de anunciarse el Premio Nacional de las Letras, que fue para él “una total sorpresa”. El pájaro solitario continúa volando con su escritura de una erizada belleza, donde “cada frase genera nuevas frases, cada vez más altas, cada vez más amplias”.
Extracto de artículo de Silvina Friera de Pag.12

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