miércoles, 13 de noviembre de 2013

Una mirada desde la niñez de Chavez

Ignacio Ramonet es periodista y semiólogo, y puede afirmarse que, en los últimos años, nada de lo que sucede en el mundo global –en especial los movimientos políticos, de los más visibles a los más ocultos– le es ajeno. Su mirada crítica sobre la globalización y el rol de los medios de comunicación masivos ya es un paradigma extendido. El presente libro reúne alrededor de 200 horas de entrevista con Chávez, concentrándose, estrictamente, en los años que van desde su nacimiento hasta la asunción presidencial el 2 de febrero de 1999; desde su niñez como vendedor de “arañas”, un típico pastel venezolano, a su formación como militar.
Al comienzo del libro, el primer gran tópico de la entrevista gira en torno a los acontecimientos sucedidos en el año del nacimiento de Chávez y el problema de pensar su aparición como un evento relacionado con cierta idea de destino. ¿Cómo veía Chávez esa relación entre predestinación e historia?
 El forma parte de la nueva generación que va a venir a prolongar lo que se ha hecho. El no se ve como alguien esperado o anunciado, no hay determinismo en su opinión y mucho menos megalomanía. Siempre se ve como parte de un colectivo: todo lo que construye lo va construyendo como una red, no es para nada individualista. Claro, es un jefe de equipo, pero sobre todo es un hombre de equipo. Es jefe por las circunstancias, y no ha sido siempre evidente.
Otro gran líder de izquierdas del territorio ha sido Fidel Castro, alguien al que también tuvo la oportunidad de realizarle una larga entrevista, publicada en el libro Fidel Castro: biografía a dos voces. ¿Qué diferencias percibe entre Fidel y Chávez?
–En principio, no son la misma personalidad, ni siquiera tienen la misma formación. Fidel es menos autodidacta, tiene la fibra teórica. La originalidad de Chávez es, precisamente, la de ser un autodidacta: él se forma en paralelo, porque además de un lector personal e individual ha sido también un excelente alumno en la escuela. Quizá lo que tienen en común es que llegan tarde a la política, es decir, después de los estudios secundarios: Fidel en la universidad y Chávez en la academia militar. Ambos, también, son el resultado de una infancia muy singular. Fidel es el hijo de un hacendado extremadamente rico que lo tenía todo, en cierta medida, para ser un líder de la derecha, y termina siendo un líder de la izquierda. Chávez es un niño que nace en una circunstancia totalmente opuesta. No conozco toda la historia de todos los presidentes de América latina, pero no creo que haya un presidente latinoamericano que haya tenido una infancia tan pobre como la pequeña infancia de Chávez, que haya nacido como un pequeño niño campesino que terminó como vendedor callejero, educado por su abuela sin el mínimo recurso, salvo por esos pasteles que vendía en la calle. En ese sentido es un milagro social. En cambio, en Fidel, el milagro es que se haya venido a la izquierda.
¿Y con respecto a su ubicación en el panorama histórico y político latinoamericano?
–Ahí hay otra cosa que tienen en común: los dos son líderes de ruptura. Fidel Castro marca un antes y un después en la historia de América latina; Chávez también lo hace. No hay otros. Desde mi perspectiva, los dos son creadores políticos, tienen una imaginación de creador, tienen la capacidad de pensar lo impensable, con muchas diferencias, pero es casi normal que se encuentren. La importancia de Fidel para Chávez es que Fidel es el primero que reconoce que Chávez es de izquierda. Y Chávez, que sabe que él mismo es de izquierda claramente porque siempre lo ha sido, vivía muy mal el hecho de que no lo reconocieran como parte de esa orientación política. Hay una anécdota que claramente marca esta falta de reconocimiento: cuando está en la cárcel, después de la rebelión de 1992, le pregunto si recibió algún apoyo, alguna carta de solidaridad, y él me responde que sí, que esa carta de apoyo y de solidaridad que recibió la habían mandado los carapintadas argentinos, o sea, un grupo de extrema derecha. Esto a él lo hacía desdichado. Fidel es el primero en reconocerlo, es más: lo invita para que lo visite después de salir de la cárcel, y aun así no va a ser fácil este reconocimiento. Entonces, claro, los dos tienen una personalidad muy diferente, pero a la vez son impulsadores de una nueva etapa.
Retomando esta tradición de izquierdas en Chávez, cuando él empieza a formar este grupo de militares revolucionarios a lo largo de diversos años, era muy precavido de hablar de marxismo.
–Claro, él empieza a hablar de socialismo entre 2003 y 2005, después del golpe de Estado. Antes no habla de eso. En Cuba pasó lo mismo: Fidel no pronunció la palabra socialismo mientras estaba en la guerrilla, ni tampoco cuando llegó al poder, sólo lo hizo después de Playa Girón, después del ’61.
En cierta medida, la originalidad de Castro, Allende y Chávez reside en ver la tradición de la izquierda europea, pero desde una fuerte raigambre latinoamericana, buscando esa misma línea de pensamiento dentro de la tradición local.
(Extracto de Art. Pág. 12)

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